Tudela

Cuentan las crónicas sobre la Mesta de Navarra que fue la trashumancia la principal vía por la que se produjo la difusión de la devoción a la Virgen de la Cabeza por las tierras de la Ribera del Ebro.

El historiador y escritor tudelano Jesús Martínez Escalada conecta directamente la devoción que se profesa a dicha advocación en Tudela y su comarca, desde tiempo inmemorial, con la que se iniciara en nuestra tierra en el siglo XIII. Arraigó de tal manera que le levantaron una modesta capilla junto a la desaparecida parroquia de la Santa Trinidad, en el monte de Santa Bárbara, sobre la muralla del antiguo castillo. Esta pequeña iglesia, según rezaba un escrito esculpido en una piedra de alabastro colocada sobre la puerta, “se edificó en el año 1661 por la familia apellidada Ichaso dejando también sus escudos colocados en ambos lados del altar”. Ermita que sufriera las consecuencias de la invasión francesa en 1808 siendo arruinada en su totalidad durante la Guerra de la Independencia.

En 1816, la señora doña Mariana de Guirior y Larrea, marquesa viuda de la Cañada, solicita al Ayuntamiento que le señale un lugar para edificarla de nuevo y le designan 12 varas castellanas en el monte común de Canraso, junto a la puerta de la Calahorra, cerca del Camino de Alfaro, dónde actualmente existe. Es la misma marquesa de Guirior, reconocida devota de la Virgen de la Cabeza, la que costeó y potenció durante muchos años las fiestas de la Virgen, que por lo reducido del local de la sede canónica de la advocación, tenían que celebrarlas en el céntrico templo de San Nicolás de Bari, lugar donde recibiera sepultura Sancho VII, conocido como “El Fuerte”, que reinara Navarra, curiosamente, en los mismos años del siglo XIII en los que se sitúa la fecha de la aparición de la Morenita en Sierra Morena.

En 1890, el devoto Celestino Sagaseta, tomó a su cargo la ermita y con el auxilio y algunas limosnas y fondos propios la ensanchó y mejoró, se colocó una campana y una verja en la puerta de entrada. En 1903 otro devoto encargó al carpintero Bienvenido González la construcción de un retablo que luego pintara Perfecto Navascués. En el año 1903 los Padres Jesuitas, encabezados por el incombustible celo pastoral del padre Arretxabaleta y la ayuda incansable de los vecinos del barrio, asumieron la tutela de la ermita de la Virgen de la Cabeza, el culto y todas las actividades relacionadas con ella, destacando la sección de catecismo devocional y la asistencia y visita a los ancianos y enfermos que habitaban principalmente en las cuevas.

En esta ermita hizo acto de presencia un santo apóstol de los pobres, el Padre Guillermo Ubillos que acababa de llegar a Tudela. Era el año 1913. Fue entonces cuando se dota de Novena a dicho culto mariano concediéndose numerosas indulgencias a quienes profesaran veneración a Ntra. Sra. de la Cabeza. Esta ermita, que se encontraba extramuros, ya está unida al casco urbano por una calle que lleva desde antaño el nombre de la Virgen de la Cabeza. Como el tiempo no perdona, la ermita ha tenido varias restauraciones y reparaciones.

Así, en el año 1944 se arruinó el presbiterio teniendo que ser apuntalado. Pese a las circunstancias no se dejó de celebrar misa, y otras actividades religiosas. Así estuvo varios meses, hasta que el obispo de Tarazona, don Nicanor Mutiloa Irurita, lo restauró a sus expensas. En el año 1982, nuevamente el edificio está en estado ruinoso, teniendo que hacer nueva toda la cubierta y reforzar cimientos y muros. Se paró la reparación por falta de fondos y, años después, en 1988 se construyó la sacristía. También se reparó el retablo y la mesa del altar.

La antigua imagen, que también sufrió las consecuencias de los años, y en la que la carcoma había hecho estragos, hubo igualmente de ser restaurada hasta el extremo de tener que rehacerse casi por completo. Pudieron salvarse únicamente las cabezas de la Virgen y el Niño. Se encargó el trabajo al artista Antonio Loperena Eseverri en el año 1976. Cuando la ermita dejó de ser atendida por los Padres Jesuitas, la iglesia queda en desuso y el culto se reduce a la mínima expresión pasando a ser atendida por el clero del Arciprestazgo. Hace casi una década se acuerda trasladar la talla de la imagen de la Virgen de la Cabeza junto con el resto de su ajuar y ornamentos sagrados hasta el Palacio Decanal anexo a la Catedral de Santa María de Tudela. En la actualidad existe un acuerdo entre la Archidiócesis de Pamplona Tudela y la Iglesia Ortodoxa para que dicha Ermita sea usada para el culto de esta confesión religiosa.

Fuente: Andrés Borrego Toledano- Mirando al Santuario 2022