Historia romería

Principios romería Virgen de la Cabeza

A partir de la aparición o hallazgo de la imagen y edificación de la ermita, surgirá un fenómeno religioso que dará lugar a la expansión del culto fuera de las fronteras locales, surgiendo una romería cuya fecha no conocemos y que posiblemente hasta el reinado de los Reyes Católicos no fuera una realidad como hoy la entendemos; ya que el bandolerismo en la sierra y la presencia de los árabes aún, no sería posible. De ahí que en las Crónicas del condestable Lucas de Iranzo, atribuidas a Pedro de Escavias, alcaide del castillo de Andújar en la segunda mitad del siglo XV, no se cite la devoción a la Virgen de la Cabeza. Esto no significa que no existiera, sino que carecía de la importancia que a partir del siglo XVI alcanzaría.

Será la romería la que genere mayor cantidad de símbolos y ritos de la religiosidad popular¹2 que irán evolucionando a lo largo de los siglos, contribuyendo también a su difusión a gran parte de la Península Ibérica.

Durante los siglos XVI al XVIII, la romería de la Cabeza fue una de las más importantes de España, de ahí las citas de Cervantes y Lope de Vega, como antes indiqué.

Desde principios del siglo XVI, por los estatutos de la cofradía de Andújar de 1505, sabemos que la fiesta tenía lugar el último fin de semana del mes de abril. Fecha que parece, según apunta Terrones Robles, historiador local del siglo XVII; ser inicialmente otra, y que por cuestiones climatológicas se cambió a la primavera.

Virgen de la Cabeza
Mural cerámico colección Toledano-Moreno; autor P.Lopez

El rito romero se iniciaba el viernes anterior a último domingo de abril, con la llegada a la ciudad de las cofradías venidas de Andalucía, mientras que las de Castilla, Extremadura y La Mancha lo hacían directamente al santuario a través del camino de Mestanza.

La llegada a Andújar era multitudinaria, siendo recibidas por la cofradía local. En el siglo XVII esa presencia de forasteros ocasionaba alboroto, por lo que un religioso con una escolanía recorría calles y plazas, llevando la imagen de un Niño Jesús, y con sus cánticos aplacaban y anulaban los insultos y desordenes que se producían.

En esta romería los insultos a la ida y al regreso de la fiesta, por parte de los romeros y quienes en las calles los contemplaban, eran habituales. Porque estamos ante una fiesta donde el rito de iniciación sexual está muy presente; de ahí que los jóvenes se escaparan de sus pueblos acompañando a las cofradías para tener su primera experiencia; a los que en el siglo XIX les llamaban «desertores» a ellos se sumaban las mujeres que no podían tener hijos con sus respectivos maridos y buscaban un embarazo.

En la ciudad de Arjona se aseguraba a finales del siglo XIX, que «existe la creencia de que la mujer que yace con varón en las faldas de Sierra Morena al pie del Santuario de la Virgen de la Cabeza al día del mes de mayo en que se celebra la romería de la dicha Virgen, queda fecundada»

Todo lo dicho queda documentado con el hecho de que el volumen mayor de ingresos de niños abandonados, en la Casa Cuna de Andújar en el último cuarto del siglo XVII, tenía lugar a los nueve meses de la romería de la Virgen de la Cabeza.

A esta situación proponía ponerle fin el deán Martínez de Mazas en el siglo XVIII, prohibiendo la presencia de la mujer en la romería. Mujer que tenía su lugar en las cofradías y a las que algunos estatutos u ordenanzas denominaban «cofradas», a pesar de ser aquellas unas instituciones de hombres, fundamentalmente, que ocupaban exclusivamente los cargos de gobierno.

El sábado por la mañana las cofradías que habían pernoctado en la ciudad de Andújar, tomaban el camino de herradura hasta el santuario. En el siglo XIX lo hacían tras escuchar misas en las distintas parroquias y al toque de campana del reloj de la ciudad colocado en la sede del Ayuntamiento. Camino en el que iban a encontrar una serie de puntos de venta de bebidas y alimentos denominados ventorrillos. En los veinte kilómetros de recorrido los romeros irán junto a peregrinos vestidos con túnicas y/o hábitos y cruces al hombro, infinidad de mendigos, ciegos que cantaban las grandezas de la Virgen de la Cabeza y que vendían los tradicionales «pliegos de cordel»

Cuando llegaban a su destino se encontraban con una gran feria donde podían comprar infinidad de cosas, entre recuerdos como rosarios, estadales y medidas -cintas doble de anchas que los estadales y equivalentes al tamaño de la imagen de la Virgen- que se colgaban al cuello. Todos estos objetos solían pasarse por el manto de la imagen para que se cargaran de energía divina, así tenían mayor valor para el propietario.

Por la noche tenían lugar las misas de las distintas cofradías que asistían a la fiesta romera, para por la mañana celebrarse la correspondiente a de Andújar. Concluida esta, la imagen de la Virgen de la Cabeza era colocada en unas andas de plata que eran portadas por los cofrades vestidos, hasta 1782, con albas blancas y en la cabeza una toalla de igual color. En las andas se subían personas con alguna minusvalía física y dos capellanes, portando en sus manos sendos bordones -bastones largos con los que golpeaban a las personas que se acercaban en tropel a tocar la imagen. Con relación a esta peculiaridad, el poeta Fermín de Sarasa y Arce escribe en 1664 unas décimas que dicen:

historia romería

VII.

Un clérigo encaramado Sobre las andas subido, De cólera revestido, Con un bastón, no delgado, Sacude, de uno a otro lado, A aquella devota gente, Y yo dije de repente: El Papa que concedió, Aquesta indulgencia, no Era Pío, ni Clemente.

Luego que la fiesta empieza, Comienzan los coscorrones;

Y dicen los bellacones, Que es fiesta de la Cabeza. Unos caen: aquel tropieza, Y el clérigo en talanquera, Reparte por donde quiera, Tanto al bueno como al malo, Absoluciones de palo; Bendiciones de madera»

También había ocasiones en el siglo XVII que el ayuntamiento costeará a alguna persona para que recitara poemas durante la procesión en el cerro.

El orden de las cofradías en la procesión era por antigüedad de su creación, estando marcadas en el suelo el tramo del recorrido que a cada una le correspondía llevar las andas con la Virgen. Así todas lo hacían hasta volverlas a la iglesia y entregarlas de nuevo a la de Andújar.

Concluida la procesión los romeros regresaban a sus lugares de origen, llevando distintos recuerdos, como los antes indicados, a los que se le sumaban los «pitos28» de barro, que todavía perduran y que son pequeños instrumentos musicales con un orificio para que entre el aire y otro de salida, teniendo en su extremo otro para poder pasarle un cordel y colgarlos al cuello, su tamaño es de unos cinco centímetros. También los pitos van incorporados a distintas figuras de barro, en distintos tamaños, que son los llamados juguetes-pito. Los pitos están documentados ya en el siglo XVII. Era costumbre que los romeros los fueran regalando a los niños de los pueblos por los que pasaban de regreso.

Hemos visto de forma muy resumida el desarrollo de una romería cargada de ritos y símbolos de la religiosidad popular, que algunos han perdurado hasta la actualidad y otros se han ido añadiendo. Ritos unas veces institucionales porque son las cofradías quienes los promueven y a ellos se suma el pueblo de forma espontánea y añadiendo los propios, como denominado, actualmente, convite de banderas los en el domingos previos al último de abril, podemos contemplar como las personas se acercan a estas para besarlas al igual que hacen con la imagen de la Virgen que lleva el cetro del Hermano Mayor.

El subir de rodillas las largas calzadas que llevan al santuario, incluso llegar así al camarín, es habitual. Suele ser por promesas al haber recibido un gran favor de Ntra. Sra. de la Cabeza. También es frecuente que las personas besen y se pasen por distintas partes del cuerpo, las largas cintas que de la imagen cuelgan. Cintas que representan la comunicación física con ella.

Fuente:
1. Enrique Gomez Martinez – La Virgen de la Cabeza, modelo de cultura y religiosidad popular. Pag 110-117.


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