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Debido a que la Virgen de la Cabeza históricamente ha sido una de las devociones mas importantes de España hay muchos cuadros con varios siglos de historia diseminados por toda la geografía española. En esta sección os desgranamos algunos de los cuadros mas importantes que muestran como era esta devoción en la antiguedad.

Cuadros pinturas y dibujos Virgen de la Cabeza

CUADRO DE MÁLAGA

Óleo Virgen de la Cabeza
Óleo Virgen de la Cabeza, siglo XVII, autor anónimo. Se encuentra en el Santuario de Santa María de la Victoria de Málaga.

El cuadro de Málaga (145 x 94 cms.), en formato más verticalizado que los anteriores, evidencia la difusión del mencionado modelo, ahora ejecutado por un pintor distinto que copia solo el formulario compositivo pero no el cromático.

El hecho de pertenecer al Santuario de Nuestra Señora de la Victoria, antigua sede de Mínimos, parece inferir que el conducto de procedencia fuera el convento Mínimo de Andújar, como presente de esta comunidad a la malagueña, hermanas en compartir el privilegio de ser pioneras en el concierto de estas fundaciones en España.

Texto gracias a los estudios históricos de José Domínguez Cubero

CUADRO DEL LEGADO PÉREZ DE VARGAS

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El de los Pérez de Vargas, en domicilio particular de Andújar, muy preciso de limpieza, es de tamaño ligeramente inferior al anterior, más parco en detalles y de técnica menos depurada, como hecho por manos faltas de pericia.

Lo que no podemos negar es la reticencia que hace en el uso de una misma composición y sobre todo en el empleo de similar espectro colorístico, algo que nos parece signo inequívoco de pertenecer a un taller que tuvo muy en cuanta la experiencia de un indiscutible maestro autor de un modelo que adquiere difusión.

Texto gracias a los estudios históricos de José Domínguez Cubero

CUADRO DEL PINTOR B. ASTURIANO

De la galería pictórica que dejó el Barroco sobre el tema, ninguno alcanza el interés artístico y descriptivo este es de los mejores, es de absoluta precisión, el más estimable documento gráfico que poseemos para captar la dimensión que alcanzó la primera fiesta romera celebrada en Andalucía en los siglos barrocos.

Mucha erudición ha tratado de descifrar su origen, cronología y autoría. Hoy, tras la restauración de 1995 y el serio estudio que le han dedicado destacados profesionales, se sabe que procede de los fondos del marquesado de la Merced, adonde debió llegar por vía de la familia Pérez de Vargas, uno de cuyos miembros, el regidor don Francisco Pérez de Vargas, pudo ser el mentor, por lo menos su imagen se ha creído ver entre los retratados que aparecen en lo bajo, junto al heraldo que porta una bocina con el escudo familia, pura exhibición de poder contextualizada con el momento de la fiesta barroca que se desarrolla.

Su autor, como dice su firma, es un pintor, hasta ahora desconocido, de nombre Bernardo Asturiano, residente en Andújar en la década de 1680. se trata de un cuadro apaisado de 175,5 x 129 cm, repartido en tres partes, una, la de la izquierda, para la Aparición con su leyenda, y, las dos restantes para desarrollar una panorámica general del paisaje, idealmente ajustado a la realidad orográfica, cual espacio teatral que sirve para escenificar, al modo de los desfiles bajo medievales religiosos y cívicos centroeuropeos, la solemne procesión de la Virgen, justo cuando hace estación en la plaza de la aldea. Un crítico instante aprovechado para mostrar momentos cruciales, entre los que consta la disposición jerarquizada de los grupos de poder, como corresponde a una sociedad regida por el privilegio.

Texto gracias a los estudios históricos de José Domínguez Cubero

EL CUADRO DE SAN ANDRÉS DE JAÉN

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Óleo sobre lienzo. Aparición y romería de la V. de la Cabeza. Atribuido a B. Asturiano. S. Andrés. Jaén

Cuadro de la iglesia de San Andrés (2

30 x 180 cms), de formato vertical, superpone la Virgen al monte, convertido en cavernoso fondo que ayuda a su resalte, de manera que priva el eje simétrico y centralizador. La representación festiva se dispone en todo el lateral derecho, con el personal protagonizando idénticas escenas en perspectiva inmediata.

 

La procesión también asciende llenando la calzada, pero las andas con la Virgen, aún en la plaza, se han dispuesto para que la imagen mire de frente al espectador, mientras los anderos se postran ante Ella, dandonos las espaldas, como expectantes ante el milagro que pudiera ocurrir con el enfermo o inválido recostado ante la imagen, sobre la plataforma de las andas, y la vigilancia del sacerdote golpeando a los atropelladores.

La escena pretende describir con gran dosis de teatral expectación, la secuencia impactante de la maravilla del milagro, ante lo cual, todo se convierte en sorpresiva quietud.

En el entorno, nada se inmuta, idénticas tiendas luciendo las mismas mercadurías, y el mismo abigarramiento de público, menos, en lo más inmediato del plano inferior, donde unos personajes parecen invitarnos a presenciar al portentoso acontecimiento que apunto está de ocurrir.

detalle-cuadro-milagro-virgen-de-la-cabezaSi esto es como parece, estamos ante otro cuadro de encargo, de los llamados de exvoto, con el que el sanado agradece la gracia y lo hace constar para la posteridad. Caballero pudiente debió ser el sujeto, lo expresa su vestimenta de rango noble, a base de sobretodo, casaca o anguarina con la blanca valona o gola destacándonos el cuello, y además el propio hecho de hacerse retratar en el milagro por un pintor de excelencia y alta cotización como debió ser el dicho Asturiano. De su presencia en la iglesia de Jaén, nada sabemos, pero pudiera ser que el sanado estuviera vínculos con la Cofradía de la Limpia Concepción de la Santa Capilla de S. Andrés, donde lo deposita en acción de gracias a María.

Texto gracias a los estudios históricos de José Domínguez Cubero

Cuadro aparición Virgen de la Cabeza con pájaros

El cuadro que abre la nómina es un lienzo pintado al óleo (138 x 106 cm) instalado en el Museo del Santuario de Sierra Morena, procedente de la colección del escultor González Orea, que lo adquirió, al parecer, en Úbeda. La composición, de absoluto rigor simétrico, combina una superposición piramidal de cerro y santuario, y una interposición de imagen sobre cerro, de manera que la Virgen, en el momento milagroso de la aparición a Juan de Rivas, arrodillado a la derecha, destaca sobre el dosel que le hace lo demás. Lo accidental de la tradición se limita al signo religioso de la campana, y a un par de pájaros de indudable valor simbólico, en este caso lechuza y tal vez alondra, que no son los mismos en otros cuadros, lo que nos asegura cierta arbitrariedad en la elección. Los espacios libres se rellenan con el lugar campestre, sembrado de tiendas de campaña entre grupos de romeros, que danzan o visten con la preceptiva alba cofrade para participar en la procesión matutina, que a poco ha de comenzar.

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EL CUADRO FUE DE GONZÁLEZ OREA

Y es justo en este momento mañanero, ya levantada el alba, cuando el pintor decide plasmar su obra, lo que le hace usar de una bella luz misteriosa azulada, como de amanecida, que irradia a placer sobre los elementos, perfilando la línea de horizonte, clarificando figuras, y resaltando el foco resplandeciente que parece emanar la santa imagen particularizando lo demás, como contrastando con lo tenebroso de la sagrada montaña que, sabiamente, se interpone.

Está la Virgen con su roja manzana en la mano, y el Niño, con el mundo en la suya, dispuestos sobre una peana peñascosa. Va vestida con saya y manto de rico damasco blanquecino, guarnecido con franjas oscuras y cenefas con cadena de hojarascas en oro, que parece anacrónico en el momento, sin duda, uno de los doce ternos que aparecen inventariados en 1594, quizá el «rico que dio don Alonso de Baltodano/ de brocado con guarnición bordada sobre terciopelo azul», que pudiera ser el mismo que figura en el inventario de 1582, recogido en el libro de Joyas que va de 1566 a 1583 de esta manera: « un manto de damasco amarillo con guarnición de terciopelo azul y franjas de oro», lógicamente distinto al valioso «vestido rico de Ntra. Señora, bordado de oro sobre damasco y carmesí y pelo ques manto y delantera y ropica del Niño Jesús».

Por el corte, corresponde a la moda femenina de tiempos de Felipe II. De todo, destaca la cabeza, con toca blanca de rostrillo perlado, como la describe Lope de Vega, y sobretoca o velo del mismo color. El Niño va a juego, con rajas laterales para asomar la mano, y doble gola, una roja y otra de blanca puntilla de encaje. Llama la atención los humanizados rostros de corte oval, idealizados, desde luego, muy frontales, alejados de la talla titular. El de la Virgen, plenamente blanco y correcto de facciones, es de almendrados ojos, arqueadas cejas, nariz recta y carnosa boca cerrada.

AUTOR: teniendo en cuenta el particularismo pictórico de iluminación dirigida, al modo del Greco, y la voluntad en ajustarse a cierto rigor simétrico, nos lleva a suponer si pudo haber salido de las manos del pintor Juan de Bolaños, un artista que aparece por Andújar al filo el tercer cuarto del siglo XVI procedente del oriente valenciano. Joven, desde luego, porque aquí casó y tuvo a sus hijos que siguieron el oficio desde Jaén, donde se trasladó la familia, pero sin abandonar el hogar andujareño sito en la calle San Francisco.

Prácticamente su producción ha desaparecido, sólo resta firmado el grandioso cuadro de la Batalla de las Navas de Tolosa en la ciudad de Baeza, ahora en el Museo Municipal.

Texto gracias a los estudios históricos de José Domínguez Cubero

Cuadro Virgen de la Cabeza Santa María. S. XVII.

Cuadro en la parroquia de Santa María. S. XVII. (Foto J. Dominguez)

De la admiración que causara la obra de Asturiano dan cuenta otros lienzos como el que se encuentra en la iglesia de Santa María en Andújar, mide (150 x 100 cm aproximadamente).

Texto historiador José Domínguez Cubero.

CUADRO BAÑOS DE LA ENCINA

Cuadro aparicion Virgen de la Cabeza Baños de la Encina
Cuadro de Baños de la Encina. S. XVIII

De menor calibre, pisando ya el siglo XVIII, es la tabla que se guarda en una colección particular de la localidad de Baños de la Encina, que fuera propiedad del capitán don Manuel de Vargas Palomino, según inscripción en el reverso.

Texto historiador José Domínguez Cubero.

Cuadro Virgen de la Cabeza Bujalance

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Virgen de la Cabeza. Carmelitas. Bujalance (Córdoba). S. XVIII.
(Foto: J. Domínguez)

Situado en la iglesia conventual de las carmelitas de Bujalance, en formato vertical de considerables dimensiones (200 x 130 cm.), también del siglo XVIII, y con una composición novedosa, en ambientación de nocturnidad, las imágenes se recortan en bella luz crepuscular.

Es tiempo de romería, bien notado en las tiendas de acampada coronadas por sus banderolas.

Y ante todo, en primer plano, seis sacerdotes hincados, tres revestidos de capa pluvial y dalmáticas en tonos rojizos, los demás con roquetes, y todos con libros en las manos, como entonando el rezo del Oficio Parvo o de la Virgen.

Texto historiador José Domínguez Cubero.

Cuadro Virgen de la Cabeza de Saez de Tejada

Cuadro Virgen de la Cabeza Saez de Tejada

Otro cuadro, menor de tamaño (111 x 83 cm), y distinta factura, en propiedad de una familia de Andújar, es de similar cronología y parecida composición aunque desvía a la derecha la línea axial que organiza de arriba a bajo el Santuario y la superposición de Virgen sobre cerro. No olvida la típica simbología parlante de encina, campana y aves, ahora identificadas como urraca y jilguero.

El pintor Antonio García Reinoso, con gran soltura de paleta, hace gala de uno tonos cálidos y vaporosos en la imitación de la naturaleza, particularmente pintando cielos inundados de una luminosidad que contagia el ambiente; con abundancia de calidades meladas en las ropas de la Virgen, ahora variada en la vestimenta hecha con textiles adamascados en amarillo con cenefas en los filos, dispuesto el manto sobre los hombros, despejando la cabeza, sólo tocada de negro, para mejor distinción, y con otra rica corona que parecen ser las que envió desde México, poco antes de mediar el siglo XVII, el andujareño don Juan Álvarez Serrano, oidor decano de la audiencia de México. Una riquísima pieza imperial con un peso de once onzas de oro, donde se engarzaban jacintos, esmeraldas, diamantes y rematada con globo esmaltado y cruz.

Persiste la leyenda en el mismo ángulo. Y como nota diferenciadora, en la zona baja, entre el pastor y la imagen, un caballero arrodillado, vestido de negro con espada, que bien pudiera ser el comitente o donante, muy bien compuesto, pero algo forzado en el entorno, como añadido a posteriori.

CUADRO COLOMERA

Cuadro Virgen de la Cabeza de Colomera
Aparición de la Virgen de la Cabeza. Óleo. Último tercio del s. XVII. Escuela Granadina. (Foto: J. Domínguez)

En la capilla mayor de la parroquia de la Encarnación de Colomera existe un cuadro de la Aparición de la Virgen de la Cabeza (123,5 x 103,5 cm) con aires pictóricos novedosos a lo hasta ahora visto. Adopta una modalidad inversa a la común, así que la Aparición se halla en la zona de nuestra derecha, quedando el resto para paisaje con algunas tiendas de campaña marcando los ambientes romeros. Hay que hacer notar igualmente la disposición contraria que adoptan los elementos, una circunstancia que nos permite asegurar que el pintor desconocía el lugar, así lo manifiesta el desajuste localista de algunas piezas fundamentales, como el Humilladero y las casas del entorno, siempre a la derecha del Santuario y no al lado opuesto, como aparecen aquí.

La temática fundamental de este excelente cuadro es la Aparición, de manera que el pastor Juan Alonso de Rivas queda centralizado, como corresponde a una obra que parece homenajear al que fuera hijo de la villa. La figura está plenamente influenciada de los anteriores, arrodillado con las manos en oración, y circundado de sus animales, un asno en lontananza y un abultado rebaño de ovejas, tratados son sobresaliente naturalismo.

La Virgen de rostro muy esclarecido, totalmente desviado de expresionismos arcaizantes, se muestra de frente, elevada sobre una base peñascosa y como introducida en una gruta, no apartada del simbolismo piramidal. Lleva la rica corona mejicana de mitad del seiscientos, y se viste con un terno adamascado en tonos amarillentos y estampado con cenefas de flores carmesíes.

Los espacios libres, que infunde efectos de perspectiva al modo flamenco, nos muestra unas ráfagas de paisaje sutil, vaporoso, ideal más que real, pleno de un sentido tan poético que nos parece lo más conseguido del conjunto, muy incardinado, desde luego, en los celajes que usaban los pintores granadinos que siguieron las maneras de Alonso Cano, como Bocanegra, Risueño, Juan de Sevilla.

Texto historiador José Domínguez Cubero.

LITOGRAFÍAS VIRGEN DE LA CABEZA

En esta sección puedes ver grabados, litografías donde aparece la Virgen de la Cabeza.

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