Historia Matriz

Conoce la historia de la cofradía Matriz y reglamentos antiguos.

LA COFRADÍA MATRIZ Y FILIALES EN EL SIGLO XVI

Historiador Rafael Frias Marín

0rigen y fines

El origen de estas cofradías tendríamos que buscarlo dentro de la de Andújar, matriz de todas las demás, aunque aún no hemos podido descubrir su antigüedad por el mismo motivo que Salcedo Olid mencionaba en 1677: Sus «papeles han pasado por tantas manos, (que) no ha sido posible descubrirla». Todo apunta hacia una existencia no reglada con anterioridad a 1505, en que la cofradía confirma y plasma por escrito sus estatutos.

Formada por un grupo ya numeroso de devotos de la Virgen que organizaban fiestas religiosas en torno a su imagen ya en el siglo XV, fruto de una sociedad inmersa en una piedad devocional y eminentemente popular. Nos queda constancia es la relación de documentos que en 1866 se conservaban en el archivo de Santa Catalina de Baeza, de la existencia de la Historia del origen y milagros de la sagrada imagen de Nuestra Señora de la Cabeza y otros Santos Patronos fechada en el año 1430.

Don Martín de Ximena Jurado en su libro titulado Catálogo de obispos de las iglesias catedrales de la diócesis de Jaén y anales eclesiásticos de este obispado, con fecha del año 1654, menciona la confirmación de los estatutos el año 1505 por parte del entonces obispo de Jaén don Alonso de la Fuente del Sauce, aun que haciendo la salvedad de que con ellos «se había gobernado hasta aquel tiempo por mas de doscientos Años», confirmándose después por don Diego de Tavera en 1557 y don Diego de los Cobos en 1565.

Los mencionados estatutos de Andújar han llegado hasta nosotros por medio de una copia certificada del escribano de cabildo de esta ciudad, Diego de Arcas, fecha-da en ella el 18 de julio de 1777. Esta asociación la formaba un conjunto de individuos con fines comunes, hecho que con toda seguridad les lleva a organizar los aspectos de orden y disciplina interna de la misma, y, junto a la aparición del nuevo concepto de estado y burocratización, a plasmarlo por escrito y confirmarlo Por la autoridad eclesiástica, en este caso, la del obispo de la diócesis. La cofradía se constituye con dos intenciones primordiales: «La primera para a Dios servir e amar». «La segunda, a provisión de la criatura so Santa ordenación vivir, e por que en fin de nuestros días seamos dignos de ser colocados en la gloria del Paraíso». En cuanto a las cofradías filiales, las pertenecientes al obispado de Jaén, presentan vinculaciones y características comunes en algunos casos; como ejemplo tenemos la relación con el mundo pastoril de las correspondientes a Úbeda y Baeza. De ella hemos podido localizar algunos estatutos fundacionales y una gran masa documental sobre cabildos, cuentas, pleitos etc. La cofradía de Arjona fue la primera «que se instituyó para ir a el Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza a la Sierra Morena a celebrar la primera fiesta», hecho que nos hace pensar en una fundación de finales del siglo XV, momento en el que situamos la institución de la romería del último domingo de abril.

El cabildo celebrado el 26 de diciembre de 1.579 acuerda «mudarse algunas ordenadas, añadir otras para la buena gobernación y aumento y conservación de la dicha hermandad», confirmándolas don Bernabé de Rojasy Sandoval. La cofradía de la ciudad de Jaén ya aparece documentada en 1548 cuando acuerda que la de San Cristóbal le ceda su ermita. Desconocemos el discurrir de ésta hasta el año 1625 en el que los frailes capuchinos de Jaén fundan convento sobre su ermita. Curiosamente no aparece en ninguna de las relaciones de cofradías filiales realizadas entre los siglos XVI y XVII, hecho que nos hace pensar que no se instituyó como filial. La cofradía de Úbeda establecida en el convento de la Trinidad confirma sus estatutos el 20 de junio de 1556. Los treinta y cuatro capítulos se plasman sobre un cuaderno de pergamino.

La cofradía de Baeza, con sede en el antiguo convento de la Real y Militar Orden de Nuestra Señora de la Merced, presenta los suyos ante don Diego Tavera Ponce de León, quien los confirma el 31 de marzo de 1559. Constan de treinta y ocho capítulos, ampliándolos dos veces: una el año 1565, confirmada el 31 de abril del mencionado año por don Diego de los Cobos, y otra en 1589 con la que se agregan cuatro capítulos más, ratificados por don Francisco Sarmiento el 28 de agosto del mismo. La cofradía del lugar de Mengíbar consigue que se confirmen el 7 de marzo de 1573; escritos en papel, se componen de diecinueve artículos, preámbulo y confirmaciones. La cofradía de Baños de la Encina radicaba en la iglesia parroquial de San Mateo de dicha villa. Sus estatutos escritos en pergamino fueron confirmados el 6 de octubre de 1573 por el entonces obispo don Francisco Delgado.

La cofradía de las villas de Cambil-Alhabar con sede en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Encarnación, el 2 de abril de 1596, el Licenciado Olea, por estar la sede episcopal vacante, les confirma sus ordenanzas. Las cofradías de Torredelcampo y Arjonilla hacen las escrituras de asiento en los libros de la matriz el año 1593 y 1610 respectivamente. A este número de cofradías de las que hemos encontrado documentación habría que añadir las de Martos (1560), Alcalá la Real (1561), Torredonjimeno (1564), To-rres (1565), Alcaudete (1567), Mancha Real (1567), Bailén (1567), Vilches (1570), Linares (1570), Villacarrillo (1576), Lopera (1578), Cazalilla (1584), Santiago de Calatrava (1588) y Huelma de las que aún no conocemos nada más que la fecha de su presentación.

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1.2.Estructura organizativa

Estas asociaciones se encabezan por una junta directiva que les permita encauzar los objetivos marcados, cumplir las normas contenidas en sus estatutos y coordinar las actividades internas y externas de las mismas. La cofradía de Andújar presenta el número más alto de cargos, hecho que nos obliga a tomar ésta como modelo, señalando las variantes que presentan el resto. El cuerpo gubernativo se elegía de entre todos los cofrades, dependiendo en algunos casos de la solvencia económica. Se distinguían entre ellos diferentes grados de autoridad: prioste, alcaldes y mayordomo.

Después una serie de cargos menores -diputados, escribano, procurador, muñidor, etc.- ayudaban en sus funciones a los anteriores. La cofradía de Mengíbar reduce la junta gubernativa a un mayordomo y dos alcaldes; Arjona, a un mayordomo, alcalde y cuatro regidores; Úbeda, a un prioste, dos alcaldes y seis avenidores; Cambil-Alhabar, a un prioste, dos alcaldes, cuatro mayordomos y un escribano; Baños de la Encina, un mayordomo y dos alcaldes; y Baeza, a un prioste, dos alcaldes y cuatro mayordomos.

Pasamos a continuación a describir de forma unitaria cada uno de ellos: Prioste Debía ser «hombre llano e abonado e diligente», eligiéndose de forma anual el día de la romería. Su misión principal era la de administrar las finanzas, para cuyo cumplimiento podía escoger seis mayordomos que le ayudasen a llevar a cabo sus funciones (Cap. XX). Otras actividades que le eran propias eran las de visitar al cofrade enfermo, preparar los entierros (Cap. IV), mandar recoger los hermanos muer-tos fuera de la población (Cap. VI) y el control del reparto de piezas de carne en las romerías (Cap. XXIII).

En su asistencia a los cabildos se le obligaba a llevar el Libro de reglas (Cap. IX), donde sus decisiones no se podían contradecir (Cap. XI). Una vez finalizado su periodo de mandato, el prioste debía rendir cuentas a la cofradía en un plazo de sesenta días a partir del día señalado para ello, tiempo en el cual se le ayudaría a recaudar las deudas contraídas con ella; de lo contrario debería pagarlo de sus bienes (Cap. XXXII).

Alcaldes

Junto con el prioste eran los cargos más importantes. Siempre eran dos, debiendo ser «hombres onrrados e onestos e diligentes e que sepan mui bien el estilo e ordenanzas de esta Santa Hermandad». Su misión era la de regir los destinos de la cofradía, cuidando lo referente al servicio de la Virgen y el buen funcionamiento de todo, haciendo cumplir las penas contenidas en las ordenanzas (Cap. XVIII).

En los cabildos, lo mismo que al prioste, no se les podía contradecir sus decisiones, multando a los que lo hiciera y expulsandolo por un año (Cap. XI). En compañía del prioste decidían la cantidad de limosna que se debía de dar para eí rescate del hermano cautivo en tierra de moros (Cap. XVI). En la procesión del Corpus Christi debían velar por el buen comportamiento de los cofrades que acompañan ese día al Santísimo (Cap. L). La cofradía de Mengíbar les encomienda hacer cumplir las penas en que incurren los cofrades.

Mayordomo

Denominado «mayordomo de la casa e obra», debía ser «hombre abonado e buena fama e conciencia». Es el encargado de la conservación y mejora de los edificios de la ermita y hospital de la cofradía, administrando también las rentas y limosnas donadas al hospital y a la Virgen (Cap. XIX). En la cofradía de Mengíbar se equipara con el prioste.

Diputados

Normalmente eran doce, aunque se podían admitir más si era menester, debiendo ser «hombres sabidos e onrados». Su función era la de ayudar en sus tareas a los alcaldes y al prioste (Cap. XVII). En otras cofradías son equiparables a los regidores y avenidores, y en los casos de Cambil-Alhabar y Baeza a los mayordomos.

Escribano

Al parecer el número de éstos pasaba de la unidad; algunos cobraban por su trabajo, sin embargo aquellos que no cobrasen serían «eximidos e libres de todos los otros servicios que los cofrades fazen», gozando de los beneficios que ofrecía la cofradía. En el caso opuesto no gozarían de tales beneficios, salvo que realizaran las obligaciones impuestas a todos los cofrades (Cap. XXI). Uno de estos escribanos debía tener en su poder los libros y escrituras, menos aquéllas que el prioste hubiera de tener en su poder (Cap. XXX).

Procurador

Era el encargado de recaudar los endeudamientos, debiendo dar cuenta de éstos al prioste (Cap. XXXI). Muñidor Este personaje era el encargado de convocar a la cofradía por cuadrillas cada vez que fuese menester, recibiendo salario por su trabajo (Cap. XXXV). Los cargos de diputados, alcaldes y mayordomo tenían la duración que la cofradía viera conveniente (Cap. XIX). Las cofradías de Mengíbar y Baños de la Encina lo establecen en dos años, sin distinguir entre ellos.

Los alcaldes, prioste, mayordomos y escribano recibían al fin del año un salario conjunto de 1500 maravedís que debían repartir en partes iguales, como sueldo a los servicios prestados. Además, el prioste y los mayordomos recibían 15 maravedís por cada sepultura que en su año se abriese (Cap. XLI). Cabildo La reunión de todas las autoridades de la cofradía junto con los hermanos formaban los cabildos generales: órganos deliberantes, donde se decidía todo lo concerniente a la cofradía, en ellos los cofrades debían permanecer sentados. Para tomar la palabra en un cabildo se debía permanecer en pie tornando las ordenanzas en la mano, con lo cual podían exponer su razón y todos escucharla (Cap. VIII). Las máximas autoridades dentro del cabildo eran los alcaldes y el prioste, a quienes no se les podía contradecir sus decisiones (Cap. XI).

1.3. Componentes

Todo apunta a que la composición de estas la formaba una amplia base social teniendo en cuenta que el estatuto de limpieza de sangre no se exigía en todas, pero no debemos olvidar que la dirección de las mismas normalmente la componían una elite local de cierto poder económico y gubernativo. La cuota de ingreso variaba de unas a otras: en la cofradía de Andújar se estipulaba para los varones en una oveja, una cabra, una colmena o 100 maravedís; las mujeres pagaban sólo la mitad, aunque si pagaban el total de la cuota recibirían el mismo tratamiento que el varón. El importe se abonaba al prioste, quien, una vez recogida la demanda, lo incluía corno cofrade •(Cap. I). La única condición impuesta para la entrada en la cofradía era la de no estar «desacordado con otro cofrade» (cap. II). La herencia del título de cofrade es otro rasgo común a todas ellas, con lo que se aseguraba la continuidad de la cofradía.

1.4 Funciones

La función económica, una de las principales, era el móvil sin el cual no se podía llevar a cabo los fines de las mismas. Principalmente se distinguían tres cauces de ingresos:

  • Los de limosnas y cuotas de ingreso de cofrades.
  • Los de los beneficios de sus posesiones y ventas.
  • Los del cobro de penas o multas impuestas por la infracción de los estatutos, variando según su importancia. El máximo responsable de las finanzas era el prioste o el mayordomo. Las posesiones se asentaban en un libro y cuaderno de pergamino usados para tal menester.

La función asistencial, ocupa un papel destacado dentro de sus normativas. Los beneficiarios eran los hermanos cofrades y en casos especiales los que no lo eran como podemos ver a continuación.

a) Asistencia a los difuntos: – Cofrade muerto La cofradía estaba obligada a llevar a casa del difunto las andas y cera (Cap. IV), portando y acompañando el cadáver desde su casa hasta la iglesia con las capillas puestas y cirios encendidos en sus manos, teniendo que cavar su sepultura y rezar al tiempo de su entierro doce veces el padrenuestro y el avemaría(Cap. V). Si algún cofrade mona fuera de la ciudad, la cofradía se encargaba recogerlo siempre que la distancia de la ida se de pu ‘ese recorrer en un día (Cap. VI). En caso de que el difunto fuera mujer o hijo de cofrade, se les daría los mismos servicios que al cofrade si éstos tuvieran de dieciocho a veinte aíjo5 (Cap. VII)

– Entierros en la sierra. Considerando que en esos momentos fallecían numerosas personas en la sierra del término de Andújar, sin haber quien los llevara a lugar sagrado, consideraron que ésta era una gran oportunidad para ejercer una buena obra de caridad (Cap. XLII), obligándose cada año el sábado víspera del último domingo de abril a llevar y enterrar en «la casa de la dicha Señora» todos los cadáveres localizados a dos leguas y media de dicho lugar, de tal modo que puedan ir y venir el dicho sábado y estar en él a tiempo de las vísperas, encargándose el prioste de llevar «las capas de seda de la dicha cofradía para con que sean enterrados más onrradamente», dándose a los hermanos asistentes cirios encendidos y obligándolos a decir cada uno doce padres nuestros y avemarías por cada uno de los fallecidos (Cap. XLIII).
El domingo por la tarde se les decía un oficio, y el lunes siguiente, las misas correspondientes, corriendo todos los gastos a costa de la dicha cofradía, excepto si alguno de los difuntos tuviera bienes; en tal caso debían dar una ayuda para la cera y demás gastos de entierro y funeral (Cap. XLIV).

– Encomendados La persona que se encomendase a la cofradía debía pagar 200 maravedís para su entierro, sin tener necesidad de pagar cera ni alguna otra cosa (Cap. XXXVII). – Pobres. Este grupo social recibía su entierro, sin cargo económico alguno, en caso de morir en el hospital de la cofradía. b) Rescate de cofrades cautivos en tierras musulmanas (Cap. XVI). c) El hospital.

Como otras cofradías de la ciudad contaba con un hospital, en el que se ofrecía distintos servicios a los enfermos. Privilegios de la Cofradía La cofradía matriz obtuvo diferentes privilegios a lo largo de los siglos, siempre encaminados a mantener su autoridad en todo lo referente a la Virgen de la Cabeza y su Santuario. El Papa León X le otorgó una Bula el 10 de diciembre de 1518 por lo cual se le confirmaba la posesión del Santuario. El mismo Pontífice le dará otra en 1552 por la que derogaba cualquier derecho que pretendieran tener los señores Obispos de Jaén sobre el patronato de la Hermandad. Igualmente ésta obtuvo una de Sixto V referida a las indulgencias.

También ganó una ejecutoria contra los PP. Carmelitas, cuando trataron de fundar en el Santuario el año 1590. El referido Papa julio III dió otra Bula a la Cofradía de Andújar por lo cual nadie pudiera decir misas ni pedir limosnas en la Casa de Ntra. Sra. de la Cabeza y sus alrededores. Incluso obtuvo una que permitía hacer gastos moderados en la romería. La cofradía matriz ganó un pleito a la de Arjona, cuando ésta pretendía la Propiedad de la imagen de la Virgen; alegando que el pastor de Colomera la había encontrado cuando guardaba el ganado de un vecino, de la entonces, dicha villa. Un privilegio exclusivo de la Hermandad era el de trasladar la Virgen desde su camarín a las andas y viceversa, en la procesión del domingo.

Imagen vicaria Andújar

Esta cofradía promovió la coronación canónica de la Virgen en 1909 y la concesión en el mismo año del título de patrona de Andújar, dado por el Papa Pio X. para en 1959 obtener de S. S. Juan XXIII la declaración de Patrona de la Diócesis de Jaén.

De muy solemnes fueron las fiestas que se organizaron para conmemorar el VII Centenario de la Aparición, siendo los Reyes de España, Alfonso XII y Victoria Eugenia, Presidentes Honorarios de todos los actos celebrados. Concluida la Guerra Civil, la Hermandad matriz emprenderá la tarea de Recoronar a la Virgen de la Cabeza, actuando de madrina Carmen Polo, esposa del Entonces Jefe del Estado Francisco Franco.

Habitualmente la cofradía ha concedido diferentes nombramientos honorarios a distinguidas personalidades, así tenemos a Isabel II, Alfonso XIII, Juan Carlos I y Felipe de Borbón y Grecia, Príncipe de Asturias.

Reglamento cofradía Matriz 1869


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