Villar de Cañas

La Virgen de la Cabeza de Villar de Cañas: historia, ermita y devoción de un pueblo

En la comarca conquense de La Mancha, a caballo entre la Serranía y la llanura manchega, se levanta Villar de Cañas, un municipio que, más allá de su reciente notoriedad por otros motivos, guarda una de las devociones marianas más arraigadas y singulares de la provincia de Cuenca: la de Nuestra Señora la Virgen de la Cabeza, patrona del pueblo desde tiempo inmemorial.

Una devoción compartida por muchos pueblos de España

La advocación de la Virgen de la Cabeza tiene su origen y su gran santuario en Andújar (Jaén), donde la tradición sitúa una aparición mariana al pastor Juan Alonso de Rivas y donde hoy se venera en la Basílica de Nuestra Señora de la Cabeza, en plena Sierra Morena. Desde allí, el culto se extendió a lo largo de los siglos a numerosas localidades españolas —Aguilar, Alhama, Zaragoza, Toledo, Illora, Segovia o Plasencia, entre otras muchas— cada una de las cuales desarrolló su propia tradición local en torno a esta imagen. Villar de Cañas es una de ellas, y probablemente una de las que conserva la leyenda fundacional más elaborada y viva.

La leyenda del hallazgo

Según la tradición oral transmitida de generación en generación —los documentos escritos que existían en el archivo de la ermita se perdieron en el pasado—, un pastor de San Lorenzo de la Parrilla que pasaba por un paraje conocido como «las Piedras de la Virgen» encontró allí una pequeña y preciosa muñeca. Contento con el hallazgo, la guardó en sus alforjas para llevársela a su hija.

Sin embargo, al cabo de un tiempo de camino, el pastor comprobó que la muñeca había desaparecido de las alforjas. Pensando que la había perdido, desanduvo sus pasos y la encontró de nuevo en el mismo lugar donde la había hallado. El prodigio se repitió varias veces: por más que la guardaba —incluso atándola, según otras versiones de la leyenda—, la imagen regresaba una y otra vez a las mismas piedras.

Ante el asombro del pastor, la imagen le habló y se identificó como la Virgen de la Cabeza, pidiéndole que la llevaran a Villar de Cañas para que allí le construyeran una ermita a las afueras del pueblo, con una ventana orientada hacia San Lorenzo de la Parrilla. La tradición añade que, cuando se construyó la ermita, los albañiles olvidaron abrir esa ventana, y que cada noche el muro correspondiente aparecía derruido, hasta que finalmente recordaron el encargo de la Virgen y abrieron el hueco que, según cuentan, se conserva hasta hoy.

El milagro de la Santa Cinta (1635)

El episodio más célebre de la devoción villarense está documentado, según la propia Hermandad, en el archivo capitular de la catedral de Tortosa, con una copia autorizada custodiada también en Cuenca. Sucedió el 14 de enero de 1635, cuando la reliquia de la Santa Cinta —que la tradición atribuye a la propia Virgen María durante su embarazo de Jesús— era trasladada desde Tortosa hasta Madrid para proteger el embarazo de la reina Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV.

virgen-con-ermita-villar-de-canas,-f
Fotografía de Angel Villalón Torres

La comitiva viajaba por el Camino Real que unía Valencia con Madrid, ruta que atravesaba Villar de Cañas. Al pasar la carroza frente a la ermita, los caballos se detuvieron en seco y se negaron a continuar, por mucho que el cochero lo intentara. Solo entonces se dieron cuenta de que la campana de la ermita sonaba por sí sola, sin que nadie la tocara, señalando una hora del oficio divino. Tras entrar en la ermita y hacer oración, los caballos reanudaron la marcha sin ninguna resistencia.

Este hecho quedó representado en un fresco de la capilla de la Santa Cinta de Tortosa, y se recuerda todavía en los gozos de la novena a la Virgen, compuesta en 1811 y renovada en 1898. Para los devotos de Villar de Cañas, el milagro no solo confirmó la autenticidad de la reliquia de Tortosa, sino que además supuso una prueba pública del poder de su patrona.

La ermita de Nuestra Señora de la Cabeza

Extramuros del casco urbano se encuentra la ermita que, según la leyenda, la propia Virgen pidió que se construyera. Se trata de un edificio del siglo XVII, de una sola nave, que alberga en su interior tres notables altares de estilo barroco. No se conserva documentación exacta sobre la fecha de construcción, aunque el milagro de 1635 permite deducir que el templo ya existía antes de esa fecha.

En su fachada y elementos exteriores pueden apreciarse detalles cargados de historia: en la verja de entrada figuran las siglas «N S D L C B» (Nuestra Señora de la Cabeza), y junto al edificio se alza desde antiguo un característico árbol hueco que aparece en numerosas fotografías antiguas del lugar. Adosado a su fachada oeste se encuentra además el panteón de la familia Luz, recuerdo de la época en que las sepulturas próximas a los muros de la ermita se reservaban a las familias más notables del pueblo, una vez prohibidos los enterramientos en el interior de la iglesia parroquial.

La campana de la ermita, protagonista del milagro de la Santa Cinta, sigue conservándose y puede incluso escucharse a través de grabaciones que la propia comunidad ha querido preservar como parte de su patrimonio sonoro.

Muy cerca de la ermita se encuentra también la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, templo renacentista del siglo XVI que cuenta con un coro de madera tallado en el taller conquense de Pedro de Villadiego y un órgano monumental construido por Julián de la Orden en el siglo XVIII, y que forma parte del mismo conjunto religioso que da sentido al recorrido festivo del pueblo.

La imagen de la patrona

La imagen que se venera como patrona de Villar de Cañas se conserva sobre unas andas antiguas, del siglo XIX, en las que pueden leerse inscripciones donadas por devotos de la época, como la que recuerda a «su esposo el general don Zacarías Albornoz» o la fechada en 1895. Estas andas, verdaderas piezas de orfebrería popular y devoción familiar, han sido testigo de generaciones de procesiones y actos religiosos, y hoy forman parte del patrimonio de la Hermandad junto con las alhajas y enseres que esta custodia.

virgen-de-villar-de-cañas

La Hermandad de Nuestra Señora de la Cabeza

En torno a la imagen se articula desde hace siglos una Hermandad que es, en gran medida, la depositaria de la memoria y la devoción del pueblo. Según cuenta la tradición oral, su origen se remonta a una reunión informal de amigos y devotos en el atrio de la ermita, donde compartieron bizcochos y agua de limón para celebrar la fiesta; la experiencia resultó tan grata que decidieron repetirla cada año, y de ahí surgió la idea de constituir una hermandad formal.

No se conoce con exactitud el año de su fundación, pero el documento más antiguo conservado data del 15 de abril de 1836, cuando la cofradía contaba con treinta hermanos. La Hermandad fue erigida canónicamente por el Obispado de Cuenca en 1915, año del que se conserva el correspondiente decreto, y sus estatutos han sido renovados en varias ocasiones —en 1915, en 2002 y, más recientemente, en 2021, para adaptarlos a la normativa eclesial surgida del Concilio Vaticano II y del actual Código de Derecho Canónico—.

A día de hoy, la Hermandad reúne a varios cientos de hermanos —en torno a los 800, según sus propios registros—, muchos de ellos originarios de Villar de Cañas pero repartidos por toda España, lo que da idea del arraigo que esta devoción mantiene incluso entre quienes ya no residen en el pueblo. Entre sus curiosidades destaca que, en tiempos pasados, buena parte de las ofrendas de la subasta popular no se realizaban en dinero, sino en medidas agrarias de trigo —almudes, fanegas, celemines—, reflejo de una economía y una piedad profundamente ligadas a la tierra.

virgen-de-la-cabeza-villar-de-cañas

Las fiestas patronales

Las fiestas mayores de Villar de Cañas se celebran cada año en torno a los días 8, 9 y 10 de septiembre en honor a la Virgen de la Cabeza, si bien el programa de actos se extiende durante varios días, desde el sábado previo hasta el jueves siguiente. Entre los actos más destacados figuran:

  • El pregón de fiestas, que suele abrir oficialmente el programa festivo.
  • La ofrenda floral, acompañada tradicionalmente por bandas de música de localidades vecinas.
  • La procesión del «día grande», en la que la imagen de la patrona recorre las calles del pueblo, normalmente con doble salida, de mañana y de noche.
  • El traslado de la Virgen a su ermita, que atraviesa el engalanado barrio de Argelete camino de su morada extramuros.

A estos actos religiosos se suman, como es tradición en las fiestas patronales de la España rural, verbenas populares, encierros taurinos, espectáculos pirotécnicos y todo tipo de concursos, que convierten estos días en el momento de mayor efervescencia social y comunitaria del calendario local.

retablo-ermita-villar-de-cañas

Una devoción que forma parte de la identidad local

Más allá de los actos religiosos, la Virgen de la Cabeza está profundamente integrada en la identidad y el habla cotidiana de los vecinos de Villar de Cañas. No es infrecuente escuchar la exclamación «¡Ay, Virgen de la Cabeza!» como expresión espontánea de alegría, dolor o sorpresa, un pequeño detalle que revela hasta qué punto esta advocación forma parte del imaginario colectivo del municipio, tanto para quienes viven allí como para los muchos «villarenses» repartidos por toda la geografía española que siguen manteniendo vivo el vínculo con su patrona.